JAMES JOYCE

"Mi admiración por él es tal, que no temo afirmar que si de todos los contemporáneos un solo escritor mereciera pasar a la posteridad, éste sería Joyce", escribió Valery-Larbaud del autor de "Ulysses", la novela para poner fin a todas las novelas y que, juntamente con "A la Recherche du Temps Perdu", de Proust, ha ejercido la influencia más vasta y profunda sobre toda la literatura contemporánea.

James Joyce nació en Dublín, el 2 de febrero, día de Santa Brígida, Patrona de los Poetas de Irlanda de 1882. Sus padres fueron John Stanislaus Joyce, jefe de una oficina de Recaudación de Impuestos, y Mary Jane Murray, de Longford, hija de un corredor de vinos. Su familia, compuesta de varios hermanos y hermanas, disfrutaba de una relativa holgura y su padre gozaba de gran popularidad como poseedor de la mejor voz de tenor entre los aficionados de Irlanda.

La infancia de Joyce, quien de niño fue un profundo observador de todo lo que ocurría a su alrededor, transcurrió (según lo ha evocado Herbert Gorman en la biografía titulada "El hombre que escribió Ulises") en medio del tumulto político en que se desarrolló el trágico desenlace de la carrera de Parnelí, en cuyo favor Joyce escribió, cuando tenia nueve años de edad, un panfleto que su padre, entusiasmado, hizo imprimir con el nombre de Alleyn y OReilly, y distribuir profusamente en Dublín. Después de asistir al colegio jesuita de Clongowes Wood y al Belvedere, Joyce ingresó al Colegio Universitario, donde se inscribió en la Facultad de Artes. En todas partes, se caracterizó siempre como un alumno independiente y solitario y fue el único estudiante que rehusó poner su firma en la carta de protesta contra la obra del dramaturgo irlandés W. B. Yeats "La Condesa Catalina", considerada como una herejía porque en él la Condesa vendía su alma al diablo para salvar a Irlanda.

En una historia del Colegio Universitario escrita muchos años después, un colaborador anónimo, evocando a los que por él habían pasado, escribió en una nota al pie: "Durante sus días de estudiante James Joyce no fue tomado en serio. Se sabía que poseía un talento misterioso, pero ninguno de los alumnos hubiera pensado que estuviese destinado a lograr una fama casi universal".


2 años (1884)

6 años (1888)

20 años (1902)

33 años (1915)

41 años (1923)

47 años (1929)

50 años (1932)

54 años (1936)

56 años (1938)

 

A los diecisiete años, Joyce escribió un ensayo sobre Ibsen, uno de los dioses de su juventud, para la "Fortnightly Review". Tan grande era su deseo de comprender bien a Ibsen, que aprendió noruego únicamente para poder leerlo en el original. Además de Ibsen, lo apasionaban Dante, Santo Tomás de Aquino, Aristóteles y los poetas isabelinos. A los diecinueve años, publicó en compañía de otros estudiantes un panfleto titulado "The Day of Rabblement", en el cual atacó la idea de un Teatro Nacional en Irlanda y sugirió la producción de las obras maestras europeas como una inversión mejor. El poeta Padraic Colum describe al Joyce de aquellos tiempos como sigue:

"Joyce, cuando lo conocí, era un estudiante de la Universidad Real. Llamaba bastante la atención entre los que frecuentaban la Biblioteca Nacional. Era alto y delgado, con un rostro dantesco y ojos de un azul acerado. Solía caminar por las calles blandiendo un bastón de madera de fresno, que ha celebrado en "Ulysses": Stephen Dedalus aparece usando este bastón el día entero y con frecuencia sostiene un diálogo con él.

Aun cuando Joyce poseía una hermosa voz para cantar y recitar, hablaba muy poco, y en su conversación utilizaba muchas de las palabras inexplicables que aparecen en "Ulysses".

La arrogancia de Joyce en su juventud queda demostrada con su observación a Yeats durante su primer encuentro. "Nos hemos conocido demasiado tarde: es Ud. muy viejo para ser influido por mi". Su inteligencia era tan aguda y fría que Yeats le dijo, a su vez, en otra ocasión: "Me temo que no tenga suficiente caos en usted para forjar un mundo". Ningún crítico, sin embargo, se sintió tentado de repetir esta observación después de la publicación de "Ulysses".

Concluidos sus estudios en la Universidad, Joyce resolv¡ó abandonar Irlanda. "Cuando el alma de un hombre nace en este país", dice Stephen Dedalus en "A Portrait of the Artist as a Voung Man" (Retrato del Artista Adolescente), "hay redes que lo tienden para impedirle volar lejos. Me habla usted de nacionalidad, idioma, religión. Yo trataré de volar a pesar de estas redes". Joyce fue a París, donde permaneció un año (1903-04), estudiando Medicina en la Universidad de París. Sin un centavo en el bolsillo, solía vagar por las calles de la capital francesa repitiéndose a sí mismo los versos que había compuesto. Allí conoció a Synge, quien le hizo leer "Riders to the Sea" (Los Jinetes del Mar) en el manuscrito original.

Joyce regresó a Dublín en 1904, a raíz de la muerte de su madre. Allí escribió los cuentos que reunió en la colección titulada "Dubliners" (Dublineses). En seguida comenzó su primera novela "Retrato del Artista Adolescente", que no completó hasta diez años más tarde.

Durante aquellos años, Joyce se dedicó a recorrer, habitualmente en compañía de otros estudiantes de medicina, las tabernas y burdeles de Dublín, donde se convirtió muy pronto en un personaje popular. Se había marchado de la casa de su padre y vivía en medio de una bohemia miserable, pidiendo dinero prestado y usando ropas. de segunda mano que le daban sus compañeros. Durante cuatro meses, consiguió un empleo como maestro en la escuela de Clifton. Por aquella época se trasladó provisionalmente a Martello Tower, cerca de Glasthule, con uno de sus compañeros estudiantes de medicina, Oliver St. John Gogarty, quien evocó más tarde aquel episodio en un artículo. Allí escribió su primer volumen de versos: "Chamber Music" (Música de Cámara, 1908), colección de poemas delicados, llenos de gracia y sutileza. Varios dé ellos han sido puestos en música por diferentes compositores modernos.

En el verano de 1904, se produjo en la vida de Joyce un encuentro que iba a cambiar radicalmente su destino y que lo hizo abandonar los burdeles y tabernas. Conoció a Norah Joseph Barnacle, hija de Thomas Barnacle y de Ann Healyn (*) La pareja abandonó Irlanda y se dirigió al continente. En Trieste, donde se establecieron, Joyce se dedicó a dictar clases de inglés en el Colegio Berlitz y más tarde en una Academia Comercial. Joyce conocía bien el italiano y diecisiete idiomas más, entre antiguos y modernos, incluso el griego, el sánscrito y el árabe. Escribió también algunos artículos sobre política italiana e irlandesa para "Il Piccolo della Sera".

En Trieste, nacieron sus dos hijos, Giorgio y Lucía Ana. Sus nuevas responsabilidades lo estimularon a tentar empresas comerciales para ganar más dinero. En 1912 regresó a Dublín, donde por un tiempo dirigió la sala cinematográfica "Volta". Aquella primera y única incursión en el mundo de los negocios resultó un fracaso y Joyce regresó a Trieste sin un centavo. Allí permaneció hasta 1914, año en que fue publicada, en Londres, su colección de cuentos titulada "Dubliners".

Al estallar la guerra, Joyce se encontró en la situación de un prisionero, de un ciudadano de un país enemigo, en poder de Austria; pero estaba tan ocupado escribiendo "Ulysses" que apenas se dio cuenta de que los italianos y los austríacos iban a pelear, hasta que comenzaron a cerrarse las fronteras. Dos alumnos suyos, ambos griegos (Joyce era supersticioso con respecto a los griegos, pues creía que le traían suerte) y de noble cuna, el barón Ambrosio Rallu y el conde Francesco Sordina, le consiguieron permiso para abandonar la ciudad con su familia y dirigirse a Suiza. A lo largo de la frontera, cada vez que él pasaba una estación 1 ésta era dinamitada a sus espaldas. Instalado en Zurich, Joyce se encontró con amigos entre los demás exilados irlandeses y con ellos fundó una compañía de "Actores irlandeses", que ofrecieron la primera representación de su obra "Exiles" (Exilados).

"El Retrato del Artista Adolescente", que debió haber sido publicado en Londres, por "The Egoist Press", fue suprimido por la censura. En cambio, fue editado, lo mismo que "Dubliners", en los Estados Unidos, lo cual significó un gran paso hacia la fama de Joyce. "El Retrato del Artista Adolescente", una novela casi totalmente autobiográfica y en cuyas páginas el protagonista expone muchas de las teorías estéticas sobre las cuales está basado "Ulysses", es, la historia de Stephen Dedalus, desde su niñez y a través de los dolorosos años de la adolescencia hasta que cumple veintiún años y abandona Dublín por París exclamando "Wellcome, O Life!" (Bienvenida, oh Vida).

Durante su estada en Zurich y mediante los buenos oficios de Charlotte Sauermann, una de las principales sopranos de la ópera de aquella ciudad, Joyce obtuvo una ayuda inesperada de Mrs. Harold Mc Cormick, única hija de John D. Rockefeller, padre que residía en Zurich y a la que la cantante le habló del talento de aquel escritor que luchando con sus afecciones oculares y enseñanza de idiomas, se esforzaba por llevar a cabo una novela. Mrs. Mc Cormick asignó a Joyce la suma de mil suizos mensuales, gracias a los cuales pudo éste entregarse en cuerpo y alma a llevar a cabo su monumental, "Ulysses", publicada por vez primera en París, en 1922, por Sylvia Beach, hija de un sacerdote presbiteriano de Princeton y entusiasta admiradora de la novela. La obra fue casi inmediatamente prohibida en Gran Bretaña y en los Estados Unidos, y centenares de ejemplares fueron quemados por las autoridades. No obstante, lograron pasar varios de contrabando.

"Ulysses", que podría ser subtitulado "La odisea de un alma" y es el libro que mayor influencia ha ejercido sobre los escritores y lectores de nuestra época, narra los acontecimientos de un solo día, el 16 de junio de 1904, en la vida de Stephen Dedalus y de Leopoldo Bloom, un agente de publicidad, de ascendencia judía, de edad mediana, sensual y bondadoso. Bloom simboliza al moderno Ulises y toda la novela es una vasta serie de hechos correspondientes a la epopeya homérica. Stephen corresponde a Telémaco y Bloom es el Ulises errabundo de Joyce. Pero, mientras el héroe de Homero vaga diez años sin poder regresar a su tierra natal donde lo aguarda la fiel Penélope, Bloom vaga solamente dieciséis horas por Dublín antes de regresar junto a Marion Bloom, su Penélope, la cual, lejos de serle fiel, se rinde al asedio de sus admiradores y tiene tan mala reputación que Leopoldo es conocido como "El marido de Marion Bloom".

Joyce sigue a sus personajes en sus más prosaicas acciones. Así vemos a Bloom dando cumplimiento a sus necesidades físicas en "la ceremonia de la cloaca", después de lo cual sale a la calle, va a la iglesia, a los baños, a un funeral, de allí a las oficinas de redacción de un periódico, donde se encuentra con Dedalus y ambos discuten sobre religión y otros temas. En el octavo capítulo, Bloom almuerza, en seguida va a una biblioteca pública, donde surgen nuevas discusiones con un grupo de dublineses petulantes. A las cinco de la tarde vemos entrar a este moderno Ulises a una taberna y a las ocho lo sorprendemos en un episodio sexual con una muchacha, episodio que Joyce refiere con crudeza pero sin delectación, pues Joyce abomina de la pornografía en sí. Su crudeza no es sensualismo, sino verdad desnuda. A las diez de la noche, asistimos con nuestro héroe a un parto en la Maternidad y, en seguida, a un burdel, después de lo cual él regresa donde su esposa.

Casi cada detalle de la acción de la Odisea puede ser encontrado en el "Ulysses", de Joyce. Así, Hades es el cementerio; la Cueva de Aeolus, la redacción del periódico, y la Isla de Circe es la casa de prostitución. El duelo entre Ulises y los pretendientes de Penélope tiene su contrapartida en el acto de Bloom de desechar de su pensamiento todo escrúpulo y falso sentimiento relacionado consigo mismo y con Molly.

Pero el libro de Joyce tiene todavía significados más profundos. Stephen representa el intelecto, la imaginación creadora; Molly es la tierra, la carne; Bloom encarna al hombre término medio, semi-inteligente, semi- sensual. Cada uno de los 18 episodios de que consta la obra, trata además de algún órgano del cuerpo, de algún arte, y contiene un símbolo particular. Así en el undécimo episodio (e¡ de las Sirenas), cuyo escenario es la Sala de Conciertos (y la hora, las 4 de la tarde), el órgano corporal representado es el oído; el arte, la música; el símbolo, las mozas de mostrador, y la técnica es la de "fuga percanonem".

El "Ulysses" no será jamás un libro para el grueso público, debido a las enormes dificultades que encierra su lectura. Pero los críticos más reputados de Europa y de América lo han aclamado como la obra de un genio, y como monumento de la inteligencia humana. Por la influencia que ha ejercido en la literatura contemporánea, "Ulysses" es la más importante novela del siglo, tanto más trascendente cuanto que, a desemejanza de la mayor parte de las influencias literarias, la de Joyce puede ser más fácilmente trazable en medio de la maraña de la literatura moderna, debido a que los descubrimientos técnicos realizados por él fueron tan ampliamente aceptados. En los diez años que siguieron a la publicación de "Ulysses", los novelistas modificaron y experimentaron con los métodos de Joyce con una persistencia sin parangón en la historia literaria.

Como dice Luis Alberto Sánchez en su "Panorama de la Literatura Actual", "a Joyce lo siguen con voluntad o sin ella, escritores de todos los idiomas. Científicos como Aldous Huxley, D.H. Lawrence, el autor de "El Amante de Lady Chatterley", Virginia Woolf y el admirable Ernest Hemingway : coinciden con él Nathan Ash en su fuerte "2 de agosto" y John Dos Passos en su rijoso "Manhattan Transfer", Waldo Frank en su "Fiesta" y su "Rahab"; Valery-Larbaud, Cocteau, Breton, Réverdy, Paul Eluard; Jarnés con su "Convidado de Papel" y Giménez Caballero y Espina; Novo, Owen, Villaurrutia en México y tantos, tantos...".

¿ A qué se ha debido esta influencia tan profunda y universal? Para comprenderla, es necesario recordar que ningún otro novelista introdujo cambios tan atrevidos como él. "Cuando Mr. T. S. Eliot , describiendo las cualidades clásicas de Virgilio, hace ver que un gran lenguaje culminó en "la Eneida" y fue exprimido hasta vaciar todo su contenido", dice Henry Reed en su ensayo titulado "La novela desde 1939", "uno recuerda la forma como "Ulysses" ha invadido la literatura contemporánea. Su efecto sobre el estilo y la técnica ha sido de vasto alcance". Por su parte, J. P. Hodin ha agregado: "Cuando el "Ulysses", de Joyce, apareció, tuvo sobre la literatura una influencia similar a la de la disgregación del átomo en la física".

Una de las innovaciones de Joyce fue el monólogo interior, desarrollado en forma inconexa, sin la rutinaria transición de puntuaciones propias del lenguaje escrito y tal como ocurre dentro del cerebro humano. En forma similar, buscó en el lenguaje una fórmula que capacitara a éste para traducir todas las complejidades de la experiencia humana, con sus disonancias y contrastes, adaptándolo incluso a los requerimientos de la vida mecánica.

Debido a la enorme dificultad de su técnica y de su lenguaje, "Ulysses" tardó varios años en ser traducido a otros idiomas. La primera versión fue al francés, en una edición realizada por Augusto Morel, ayudado por Stuart Gilbert y totalmente revisada por Valery-Larbaud y el propio autor. En español existe una traducción hecha por T. Salas Subirats, bajo la dirección de Max Dickmann y editada por Salvador Rueda (**).

La reacción de la crítica fue inmediata. "Estimo que este libro es la más importante expresión que ha encontrado la época actual; es un libro al cual todos estamos endeudados y del cual ninguno de nosotros puede escapar", escribió T. 5. Eliot. Virginia Woolf, que ensayó el método de Joyce en "Mrs. Dalloway", comentó:

"Ulysses", fue una catástrofe memorable: inmensa en su osadía, terrífica en su desastre"; y Stefan Zweig en "La Pasión Creadora": "¿Novela? Nada de eso: un sábado infernal del espíritu, un capricho gigantesco, una fenomenal noche de Walpurgis cerebral". Havelock Ellis afirmó en "Dance of Life" que Joyce "marca una fecha en la literatura británica". Middleton Murray agregó: "A la Recherche du Temps Perdu" y "Ulysses" son los dos inestimables documentos que recogen el fin de nuestra civilización". Waldo Frank lo parangonó con "La Divina Comedia" porque "la Comedia sintetizó el Pre-Renacimiento por su empuje integral, pero "Ulysses" no sólo comprende y sintetiza, sino que además desintegra en el sentido de presentarnos el espíritu de nuestro tiempo reducido a sus más simples y múltiples elementos".

"Ulysses" despertó, al mismo tiempo, un enorme interés y curiosidad sobre su autor, interés que dio origen a anécdotas pintorescas, como la de! Príncipe Rita Ras, hijo del rey de Camboya, de la Indochina, quien quiso separarse de la casa reinante y, atraído por el libro de Joyce, cambió su nombre por el de René Ulysses. A partir de entonces, el ex príncipe solía enviar su tarjeta de visita, con su nuevo nombre, a su padrino literario, el primer día del nuevo año anamita.

Cuando Trieste pasó a poder de los italianos, Joyce se estableció en esta ciudad por un año, al cabo del cual fijó su residencia en París, donde vivió confortablemente del legado que le dejó una admiradora llamada Harriet Weaver. En la capital francesa se entregó, por espacio de diecisiete años, a su obra "Finnegans Wake", de la que aparecieron, en este lapso, fragmentos con el título de "Work in Progress", hasta la edición definitiva del libro, publicada oficialmente en Inglaterra y en los Estados Unidos el 4 de mayo de 1939.

El título de "Finnegans Wake"  proviene de una antigua balada irlandesa de music-hall, que cuenta como Tim Finnegan, de la calle Sackville, de Dublín, tipo muy extraño y aficionado a beber, se cayó una mañana de una escalera y se rompió el cráneo. Sus amigos, creyéndolo muerto, se reunieron para velarlo y se pusieron a pelear, a llorar y ,a bailar; en el tumulto, dejaron caer un galón de whiscky sobre Tim, quien despertó, exclamando:

"Whirl your liquor round like blazes Arrah gudaguddug do you think I am dead?".

Este libro, que ha sido llamado "el libro más curioso e intrincado que ha visto el mundo", está basado en la teoría del italiano Vico acerca del "ciclo de la historia"; que sostiene que toda la historia, todo el tiempo y todo el espacio, son vistos igual que el presente, como a través de un telescopio. El lenguaje mismo es un idioma nuevo en el cual la ortografía ha sido modificada para insinuar nuevos significados. Las palabras comprensibles se han convertido en símbolos subconscientes y el libro no puede ser "leído" en el sentido ordinario, sino descifrado igual que un "puzzle". En "Ulysses", Joyce empleó este sistema sólo en partes fragrnentarias de modo que la mayor parte de este libro es perfectamente inteligible. Además "Ulysses", que describe los acontecimientos de un día en Dublín, es un libro diurno. En cambio, "Finnegans Wake" es un libro nocturno. La obra consta de 628 páginas en su original inglés y, desde su primera sentencia hasta la última, no hay una sola frase que sirva de guía al lector para interpretarla; ninguna sola aclaración para especificar en qué sitio tiene lugar la acción ni lo que ella significa. Todo el libro está lleno de bromas, de diagramas que parecen desprovistos de sentido, de alusiones oscuras. A ratos, parece estar narrando en una forma balbuceante, incoherente, las leyendas de Tristán e Isolda, de Wellington, de Napoleón, de Cain y Abel. Otras veces, parece ser la descripción, escrita con una elocuencia torrencial, del fluir de un río hacia el mar.

Entrelazando los nombres de los personajes que aparecen más a menudo en el libro y relacionando frases y sentencias que a simpie vista no guardan relación entre sí, el critico norteamericano Edmund Wilson ha logrado darle una interpretación. El personaje central es H. C. Earwicker, ex cartero, portero de hotel, almacenero y actualmente empleado de una cervecería, quien está casado con una mujer llamada Maggie y es padre de varios hijos, pero tiene amores con una muchacha llamada Anna, cuyo recuerdo perturba su sueño. La historia comienza en el momento en que Earwicker, que está lejos de tener un pasado irreprochable, cae en un sopor que continúa a través de la noche, a través de su sueño, que se torna ya inquieto, ya profundo, para adquirir por momentos caracteres de pesadilla mezclada con confusos recuerdos del pasado. Earwicker se ha visto envuelto en algunas grescas de ebrios y sus sueños están llenos de temores de ser cogido por la policía. Sueña que sale de una taberna con sus camaradas; una muchedumbre se agrupa alrededor de ellos; uno de los borrachos se pone a cantar una canción, que resulta ser un recital de las locuras y pecados de Earwicker. Earwicker cambia a menudo de forma en sus sueños. A veces es un viejo fatigado, enfermo, enredado en asuntos vulgares, soeces; otras veces, su sueño se remonta a su juventud, cuando era libre, jovial y bien parecido. Y, a través de su sueño, como el humo con una neblina, el lector adivina a Anna, la muchacha de quien el durmiente está enamorado: Anna a orilla del río, Anna Livia, Anna Livia Plurabelle. A través de las situaciones amenazantes o ridículas de su sueño, el pensamiento de Anna Livia irrumpe con singular belleza lírica.

No existe un argumento en el sentido usual de la palabra en este libro. Lo que le ha ocurrido o le ocurre a Earwicker está sujeto a la interpretación que cada lector quiera darle. Cada cual puede forjarse la teoría que le plazca. A ratos, parece que el lenguaje ininteligible no es parte del sueño, sino voces del mundo que permanece despierto alrededor de Earwicker y que llegan confusamente hasta él; parece que él escuchara sonidos confusos de una vida turbulenta que bulle a su alrededor y que capta vagamente, pero en la que no toma parte. Y hay una sugerencia de que el sueño termina, como la vida misma, en el sueño absoluto de la muerte.

Joyce inventó un lenguaje absolutamente nuevo para escribir su libro, porque los sueños existen como impresión o sensación, pero no en palabras, y las que atraviesan por él no pueden ser las palabras usuales de la vida cotidiana. Varios críticos han intentado la explicación de su lenguaje y de su obra. C. K. Ogden, autor de una obra titulada "The Meaning of Meaning" (El Significado del Significado), lo ha comparado con el lenguaje de los esquimales que, según él, es el más difícil, pero el más eficaz de los idiomas inventados por el hombre. Del lenguaje de Joyce, Ogden agrega: "La fijación intensiva, comprensiva y reverberativa; la enjundiosa logorrea onírica, polimática, poliperversa; incluso el calembour irresponsable e irrepresible, todo nos conjura para penetrar la mente nocturna del hombre, esa recámara caleidoscópica; de un Inconsciente hipotético, lanzada por algún traumatolófilo de nacimiento, hacia una extensión serial crónica".

Uno de los intentos de interpretación mejor logrados de esta obra ha sido el realizado por Joseph Campbell y Henry Morton Robinson, director este último de "The Readers Digest", en el libro titulado "A Skeleton Key to Finnegans Wake" (editado por Harcourt, Brace y Co., New York), con una introducción en la que se condensa la historia en ocho páginas y en que cada página del texto de Joyce ha sido resumida y "traducida" a un lenguaje comprensible. A veces, la rima de una palabra les ha servido de guía. Así, por ejemplo, observando que la expresión "curdinal numen" quiere decir "cardinal Newman" (Cardenal" Newman), deducen que "marryng" y "veisswassh", significan los nombres de otros dos cardenales: Manning y Wiseman. En una nota al pie de la página, explican que "The Smirching of Venus" es una versión corrompida de "The Merchant of Venice" (el mercader de Venecia). He aquí una frase típica del libro: yo are a poorjoist, unctuous to polise nopebbobies", que los intérpretes parafrasean como: "You are a pillar of society, unctious to police". (Eres una columna de la sociedad, obsequioso con la policía).

"La mayor parte de las palabras que utiliza james Joyce son patés de langue gras, escribió Rebeca West, comentando este lenguaje extraño y único. "Cada una es una pasta de palabras que han sido superpuestas una sobre la otra, hasta formar una nueva palabra que es el común denominador múltiple de todas ellas. Estas palabras han sido escogidas de entre innumerables de lenguas vivas y muertas, debido a alguna asociación de ideas o de sonido".

Durante su permanencia en París, los esposos Joyce llevaron una vida confortable con sus dos hijos: Giorgio, que heredó la voz de su padre, y Lucía, aficionada al "ballet". Giorgio se casó, a su vez, con una norteamericana, Helen Gaston, de la que tuvo un hijo, Stephen James. Evocando a Joyce en los últimos años de su vida, escribe H. Gorman en su libro "James Joyce": "No emana de él la pomposa majestad tan manifiesta en muchos escritores famosos. Ni parece tener un placer especial en hablar de su propia obra... Las puertas que conducen al comedor se abren y todos pasan y se sientan a la gran mesa, en la que relucen el cristal y la plata. Aunque Joyce come frugalmente, hay siempre abundantes manjares para sus huéspedes y una pequeña catarata de excelentes vinos... Joyce, rubicundo, curvando en una sonrisa sus delgados labios bajo el pequeño bigote, con el cabello veteado de abundantes canas, reflejándose las luces en los cristales de sus anteojos, se inclina a derecha e izquierda y recomienda amablemente a sus vecinos las virtudes de sus vinos suizos, mientras tiene en la mano uno de los largos cigarros italianos de Virginia qué fuma en tales ocasiones... Nora Joyce, con sus ojos azules, que miran atentamente, con su bien peinado cabello gris, que le da un aspecto casi real, y su porte impecable, mantiene a su alrededor una alegría que a veces provoca la curiosidad de su esposo... Entre ellos hay dos filas de rostros: Giorgio Joyce, de, cabello negro, con anteojos, bigote pequeño, pareciéndose algo a la distancia al barítono Lawrence Tibett; Helen Joyce, de rasgos tan netos como un camafeo bizantino, de cabello oscuro, elegante como sólo pueden serlo las mujeres que conocen todas las sutilezas de su París; Paul Leon (secretario de Joyce), alto, de ojos grandes, bigote negro, ligeramente encorvado, como si una parte del peso del globo terráqueo descansase sobre sus hombros; Eugene Jolas, de amplias espaldas, canoso, con la cabeza y rasgos de un emperador romano; María Jolas, alta, de mirada alegre, irradiando buen humor y eficiencia; Stuart Gilbert, de ojos burlones, silencioso y sin que se note que fue juez... Marie - Louise Soupault, de rostro enigmático y maneras francesas... Se puede citar a otros: Georges Pelorson y su esposa, Paul Leon Fargue, Sally y William Byrd y Padraic Colum, Peggy Guggenheim, Philippe Soupault, etc

Desde su juventud, Joyce padeció de la vista. En 1922, su ojo izquierdo sufrió un ataque de glaucoma y fue operado por el doctor Morax. En el espacio de cuatro años (1923-1926) sufrió no menos de siete operaciones de cataratas en el mismo ojo, al cual le extrajeron, por último, el cristalino. De aquí que sus fotografías lo muestren siempre con un parche triangular que lo tapaba completamente dicho ojo.

Joyce era supersticioso. Tenía temor a los perros, a los relámpagos y a los gatos. Le gustaba lucir anillos en los dedos, fumar pipa y salir a caminar con su inseparable bastón. Nunca le interesaron los honores oficiales. En 1932, Irlanda quiso elegirlo miembro de la recién fundada Academia de las Letras. Pero Joyce rehusó la distinción con típica arrogancia .

Al estallar la Segunda Guerra Mundial, el mundo en que Joyce había vivido plácidamente se derrrumbó. Su hija Lucía tuvo que ser internada en un sanatorio cerca de St. Nazaire, víctima de una crisis nerviosa. Poco antes de que los "nazis" invadieran Noruega, los Joyce se dirigieron a Vichy. Desde hacía años, Joyce padecía de un misterioso mal intestinal que nunca lo molestó mientras la vida había sido serena, pero comenzó a agravarse a raíz de la enfermedad de su hija. Cuando los "nazis" ocuparon Francia, los Joyce tuvieron grandes dificultades para poder entrar Suiza. Después de vencer obstáculos de toda suerte, llegaron a Zurich. No tenían dinero y los "nazis" no quisieron otorgar el permiso necesario para poder sacar a Lucía de Francia ocupada. El mal de Joyce se agravó e hizo necesaria una intervención quirúrgica, a la cual se resistió en un principio, porque iba a resultar demasiado onerosa. Después de la operación, fue necesario. hacerle dos transfusiones de sangre. El 13 de enero de 1941, tuvo una última conversación con su esposa. Al atardecer, perdió la conciencia. Como en "La Velación de Finnegan", se hizo para él la noche "¡ La noche ahora! Dime, dime, dime, olmo! ¡ La noche!! Dime un cuento de tallo o de piedra. Junto a las aguas del río, las aguas de aquí y de allá. ¡ Noche!"

Pero, a diferencia de Finnegan, Joyce nunca más despertó. Aquella misma noche, a los 58 años de edad y en la misma ciudad en que escribió "Ulysses", murió james Joyce mientras en torno suyo se derrumbaba el mundo que él había descrito con un lenguaje tan intrincado y complejo como el propio universo en que vivió.

(*) En este pasaje se afirma que Joyce y Nora contrajeron matrimonio poco tiempo después de conocerse en Dublín, lo cual es falso, ya que no se casaron hasta finales de los años 20, viviendo en París.

(**) Hay dos traducciones más de "Ulysses" en español. Pueden consultarse en el apartado correspondiente de este sitio web.